domingo, 19 de junio de 2011

Cambio, aprendizaje y experiencia

"La mejor forma de pronosticar el futuro comportamiento de una persona es averiguar cuáles fueron sus patrones de comportamiento en el pasado" Pierre Mornell

¿Pueden cambiar las personas? ¿Podemos modificar nuestras conductas más arraigadas?

Es posible que te hayas preguntado alguna vez si los humanos podemos realmente cambiar, los gurús de la autoayuda suelen decir que el cambio en nuestra personalidad es relativamente sencillo, pero la realidad es muy distinta ya que para la gran mayoría de las personas los cambios en la personalidad sólo llegan a través de prolongados esfuerzos. Nuestra personalidad viene determinada en parte por la herencia, pero también es verdad que, fundamentalmente, es el resultado de las miles de interacciones con ambiente que nos rodea, entendiendo por ello las personas, las situaciones, los lugares, los sucesos, la cultura, etcétera; la personalidad, pues, es el resultado de esas miles de vivencias, experiencias y aprendizajes a lo largo, sobre todo, de los primeros años de nuestra vida.



La imposibilidad de cambiar es frecuentemente vista como deprimente o limitante. La investigación en psicología nos dice que la personalidad de la gente es relativamente estable a lo largo de su vida, para la gran mayoría de las personas los cambios en la personalidad sólo pueden llegar a través de intensos esfuerzos.

Pero la personalidad no tiene una estructura completamente inmóvil, sino que está sometida a ciertos cambios en función de los estímulos externos y, sobre todo, de las experiencias que vamos acumulando a lo largo de la vida. Durante la infancia y la adolescencia resulta mucho más fácil introducir transformaciones en la personalidad, ya que ésta no se ha configurado plenamente, con lo que todo tipo de influencias ejercen un mayor poder. Es evidente que es más fácil cambiar cuanto más joven se es, lo que no impide que se puedan realizar cambios a edades más avanzadas. Hasta hace muy poco se creía que las personas no experimentaban cambios psicológicos relevantes después de los treinta años de edad, pero diversos estudios como el realizado por psicólogos de la Universidad de California en Berkeley sobre 130.000 personas de edades comprendidas entre los 21 y los 60 años de edad, han venido a demostrar que en determinados aspectos el carácter de un adulto evoluciona durante toda la vida.

El modelo quizá más conocido y aceptado dentro del estudio de la personalidad, es el llamado "Big Five". Según este modelo, existirían cinco dimensiones o rasgos que definirían nuestra personalidad, neuroticismo (inestabilidad emocional, inseguridad, tasas altas de ansiedad), extraversión (alta sociabilidad, preferencia por la compañía de los demás antes que la soledad), apertura (búsqueda emociones, gusto por lo desconocido, exploración), amabilidad (franqueza, altruismo y la sensibilidad hacia los demás) y responsabilidad (gran sentido del deber, del orden y de la competencia). El estudio ha contrastado que los factores Neuroticismo, Extraversión y Apertura descenderían con el paso del tiempo, de manera que las personas tenderían a ser más estables emocionalmente, más reservadas y orientadas hacia sí mismas y con una menor necesidad de exploración o de búsqueda de nuevas alternativas. Estos estudios demuestran que con la edad la gente en promedio tiende a volverse más segura, responsable, tranquila y estable emocionalmente.



Igualmente esa posibilidad de cambio debe ponerse en un contexto claro, a partir de una cierta edad (generalmente los 30-35 años) la esencia de una persona es realmente complicado que varíe, se producen muy pocos cambios y muy sutiles, y los más destacados que se producen están muy influenciados por alteraciones hormonales que se escapan de nuestro control. Por ejemplo el aumento en los niveles de amabilidad de la gente a partir de los 50 años está muy relacionado con el descenso de los niveles de testosterona en el hombre, mientras que en el caso de la mujer su mayor asertividad y estabilidad emocional en la madurez se relaciona con el descenso en su nivel de estrógenos. La realidad es que somos como somos. Existen multitud de estudios en psicología (incluso el anteriormente señalado) que demuestran que nuestra personalidad resulta extraordinariamente estable. Si en la guardería somos más cautos que nuestros compañeros, seguiremos siendo más cautos que nuestros vecinos en la residencia de ancianos. Si en la guardería somos más brillantes intelectualmente que nuestros amigos, en la residencia de ancianos seguiremos siendo más inteligentes. Con excepciones, que duda cabe, pero la tendencia, en general, es esa.

Por más que algunos detalles de la personalidad puedan tratar de cambiarse si se consideran "mejorables" y se ve que nos resultan perjudiciales, el núcleo básico y la esencia de una persona y su forma de ser no cambia o cambia muy poco, más aun si se trata de algo asentado en nuestra forma de actuar y que muestra "resistencia al cambio". Como ilustra la cita que abre el post para la mayoría de la gente la mejor forma de predecir lo que hará en el futuro es observar su conducta en el pasado, es decir, tendemos a repetir una y otra vez el mismo tipo de conductas que ya están arraigadas en nuestra forma de ser. Para plantearnos la necesidad de un cambio es necesario tener capacidad de autocrítica, ser capaz de detectar carencias propias o cosas a mejorar y tener deseo de cambio, así como voluntad. Nadie puede obligar a cambiar a nadie si esa persona no está convencida de que ese cambio es lo mejor o más conveniente para ella.


La consecuencia es que resulta muy complejo cambiar. De hecho, es cuestionable que sea terapéutico intentar modificar nuestra personalidad. De ahí la importancia de aceptarnos como somos, y trabajar, llegado el caso, para intentar moldear algunas de las conductas que nos hacen sufrir, perturban a la gente con la que convivimos, o simplemente nos disgustan, sea cual sea la razón.

Las modificaciones de la personalidad en realidad son una necesidad terapéutica para aquellos que tienen un trastorno de la personalidad. Estas personas han ido estructurando una serie de patrones de conducta y mecanismos psicológicos que les dificultan la adecuada elaboración de algunas vivencias, que se traducen generalmente en angustia, ansiedad, agresividad, pérdida del autocontrol, insatisfacción, etc. Esta labor no es fácil, ya que desmontar y sustituir estos patrones de conducta por otros más adecuados requiere siempre bastante tiempo y la colaboración de estas personas, para las que dichos cambios suponen un esfuerzo importante que no da demasiados resultados a corto plazo, por lo que es necesaria una relativa constancia. Por ejemplo, si a partir de cierta edad alguien tímido quiere dejar de serlo en una faceta concreta de su vida, no le queda más remedio que lanzarse y aventurarse a lo desconocido, y arriesgarse a "romper hielos", aunque la primera vez le cueste un mundo, ya que lo que para otro es algo natural, para él será como escalar una montaña. Igualmente y siguiendo con el mismo ejemplo aunque puede paliarse algo y mejorar con la madurez y los años, si alguien es de naturaleza tímida habrá que partir de la base de que siempre le va a costar dar ese primer paso o abrirse a entornos y gente desconocida.

Romper con la zona de confort

Un patrón de conducta se establece mediante la repetición de un cierto tipo de comportamiento como forma de resolver situaciones similares. Por ejemplo, hay personas cuyos patrones de conducta se han estructurado utilizando exageradamente los mecanismos psicológicos de huida o evitación. Si saben que tienen que enfrentarse a una situación en la que no se saben desenvolver adecuadamente, o que les va a generar ansiedad (una situación social, ambiental, etc), reaccionan evitándola, aun a sabiendas de que, a medio o largo plazo, les ocasionará un perjuicio personal. Si, de forma inesperada, se ven envueltos en una de estas situaciones pueden reaccionar mediante mecanismos de huida, escapando de esa situación, con lo que a corto plazo se sienten aliviados. El resultado es que, evitando estas situaciones o huyendo de ellas, dichas personas consiguen evitar el sufrimiento que les producen, pero a medio o largo plazo sufren, si cabe, más, ya que se sienten incapacitadas para llevar una vida normal, encontrándose condenadas, muchas veces, a un mayor o menor aislamiento. Son personas que no están acostumbradas a superar dificultades, sino a evitarlas o, en apariencia, ignorarlas, ya que la puesta en marcha de estos mecanismos psicológicos de huida y evitación forma parte de la estructura de su personalidad, y a fuerza de repetir este tipo de comportamientos, se sienten incapaces de utilizar otros.

Un cambio de personalidad supone el abandono de estos mecanismos patológicos para ser sustituidos progresivamente por otros más adecuados. En el ejemplo anterior estas personas deben intentar enfrentarse a estas situaciones de forma decidida y comprobar cómo, en muchos casos, son capaces de superarlas, lo que además incrementará su seguridad en sí mismos.


Generalmente la representación que hacemos del mundo es sólo un modelo del mismo. ¿Cómo se forman nuestros mapas mentales? Pues a través de la educación, la familia, las experiencias, la sociedad. Pensar "fuera del marco" es un reto, un ir más allá de ti mismo y a veces más allá de tu entorno, un atreverse a hacer algo distinto, ser consciente de que parte de lo que pensamos que es la realidad es una construcción mental, es arriesgarse a equivocarse e incluso es arriesgarse a acertar, es estar dispuesto a escuchar críticas, a que te señalen con el dedo, a no seguir el camino trazado, a llegar a lugares insospechados… La única manera que tenemos de ampliar nuestro mapa, de realizar nuevos aprendizajes es saliendo de nuestra zona de confort. Si permanecemos en ella, lo más posible es que acabemos repitiendo siempre las mismas cosas.

       

Salir de nuestra zona de confort implica un sacrificio, es decir, renunciar a la comodidad de permanecer en algo y a la vez hacer un esfuerzo por hacer algo que no nos gusta, pero esto no lo admitimos conscientemente sino que la mente elabora una serie de excusas para mantenernos igual. Los cambios son difíciles de realizar para la mente, que ama el hábito y se aferra a las ideas. Son innumerables las herramientas que usa la mente subconsciente para sostener un hábito, para no hacer algo o para no abandonarlo. Cuando lo hacemos, estamos empezando a generar nuevas opciones y eso es indispensable para que en un momento posterior podamos realizar las acciones que producirán esos cambios. Cambiar supone enfrentarte a cosas que tal vez no quieras ver, te obliga a tomar decisiones incómodas y a transitar caminos en los que no te sientes seguro. Como dice Carlos Castaneda “A los seres humanos les encanta que les digan lo que deben hacer, pero aún les gusta más luchar y resistirse a hacer lo que se les dice; y de este modo se enredan en aborrecer a quien los ha aconsejado”. En ese volverse contra el que te lo dice, la persona encuentra un modo de enfrentar el miedo al cambio, se queda tranquila y puede volver a su zona de confort, a su zona de seguridad.

El error como maestro

Aventurarse a salir de esa zona de confort implica la necesidad de saber lidiar con la equivocación y con el error. En general, en las culturas latinas y judeocristianas, la equivocación no está bien vista. Parece que cuando alguien comete un error, se interpreta como que ha hecho algo malo, tiene que avergonzarse y por lo tanto, tiene que pagar un alto precio por ello. En el mundo de los emprendedores, se mitifican lugares como Silicon Valley, por muchas razones obvias, pero también porque allí la equivocación, el fracaso en algunos proyectos demuestra que te has arriesgado y que posiblemente has aprendido algo valioso para tus proyectos futuros. El mismo Eric Schmidt CEO de Google respondía en una reciente entrevista a la pregunta de si Europa podría desarrollar un Silicon Valley y que se necesitaba para ello, con la siguiente respuesta: "Tres cosas. Las universidades punteras y las sociedades de inversión ya las tienen, pero a los europeos les cuesta mucho la tercera: permitir el fracaso. Si no fallas, no aprendes".

La idea que subyace es que cuando algo sale mal, no has fracasado por ello, sólo has obtenido un “feedback” o aprendizaje que te obliga a hacer las cosas de otra manera si quieres que te salgan mejor la siguiente vez. La vida consiste en un camino de continuos aprendizajes y sería un poco iluso pensar que en esos aprendizajes nunca meteremos la pata. Demos pues la bienvenida al error como ese maestro, que aunque al principio nos parece un poco duro con los años lo recordamos con cariño, ya que gracias a él logramos romper muchos límites y superarnos a nosotros mismos.


Aprender de los errores implica analizar cómo debemos comportarnos para no volver a repetir modelos de conducta equivocados. Y además, aunque sea contraintuitivo, aprendemos mejor aquellas cosas en las que previamente nos hemos equivocado y luego rectificado, ya que dejan mayor impacto en nosotros. Hay quien dice que el 70% de las decisiones que tomamos, conducen a un error, en promedio, lo que nos dice es que esa es la forma en que funciona el aprendizaje y el desarrollo humano, a base de prueba y error. Si encerramos a un perro y situamos afuera la comida el perro buscará salir hasta que por casualidad presione el dispositivo de salida. Repitiendo la prueba aprenderá, habrá creado un reflejo condicionado. Cuando enfrentamos situaciones nuevas sobre las cuales no hay memoria ni reflejos practicamos por ensayo y error, modificamos el medio y el medio nos modifica: si nuestra conducta nos beneficia la aprendemos, si no sirve desaparecerá. Todos tenemos miedo de cometer errores. Nos encantaría ser perfectos y hacer todo bien en todo momento. Sin embargo, la vida simplemente no funciona así. Cometer errores es simplemente una manera más de aprender, la que a menudo llamamos “el aprendizaje por la experiencia”. El aprendizaje por la experiencia es un aprendizaje que se fija mejor en nuestra mente. El aprendizaje por experiencia no es sólo una manera de incorporar una nueva técnica, sino que también produce el efecto de “cómo no hacerlo”.

Aprendizaje a partir de la experiencia

¿Qué aprendemos de la experiencia, de lo que ha sucedido, de lo que nos ha pasado?. Muchas de las cosas que han acontecido han sido las mismas para todos, pero no a todos nos han hecho aprender lo mismo. No a todos nos han hecho siquiera aprender.

Resulta sorprendente la facilidad con que se repiten los errores habiendo sido víctima de ellos. Hijos que han sufrido incomprensión se convierten en padres que no hacen esfuerzo alguno para comprender a sus hijos. Pacientes que han sido maltratados por la insensibilidad de los médicos y que luego se convierten en médicos insensibles. Alumnos que han sido objeto de evaluaciones rígidas, autoritarias, irracionales y que luego se convierten en profesores que practican una evaluación irracionalmente autoritaria. ¿Cómo es posible que en tan corto tiempo se haya olvidado todo lo que se ha vivido?

No se aprende automáticamente de la experiencia. Lo que nos da a todos la experiencia, de forma inexorable, son años. No nos da, automáticamente, sabiduría, para ello se requiere tener capacidad para analizar críticamente lo que sucede, comprendiendo los significados, las causas y las consecuencias y voluntad para asimilar en la propia historia aquello que se ha descubierto.

¿Pero se aprende sólo de los errores o también de los errores del resto?, la historia es maestra de la vida en dos sentidos. El primero está basado en nuestra propia historia, lo que hemos hecho en el pasado, las experiencias anteriores, nos enseñan cómo afrontar las nuevas. A esto la psicología llama autoaprendizaje o experiencia directa. Es la forma más importante de aprendizaje. Cuando una persona realiza con éxito una actividad aumenta su expectativa de eficacia, sin embargo, los fracasos la disminuyen. El segundo método se basa en la experiencia pasada de los seres humanos, en psicología, un aprendizaje de este tipo se llama "vicario", pues uno aprende no por propia experiencia sino por la experiencia ajena que él observa, y se refiere al aprendizaje por observación o imitación.


Sería bastante limitante entender que solo se aprende de los errores propios. Es mucho mejor si es posible aprender de los errores de los demás. Como escribió Catón hace 2000 años: "los hombres más sabios evitan los errores de los necios". Se aprende no sólo lo que se hace, sino también observando las conductas de otras personas y las consecuencias de estas conductas. Esto es posible porque disponemos de la capacidad para poder representar mentalmente lo que percibimos. Quizás muchos hayamos escuchado esta frase tan popular “no hay que reinventar la rueda”, lo que quiere decir que si un proceso está bien investigado debemos tomar ventaja de eso y no malgastar tiempo y esfuerzo. Una gran parte de la experiencia emocional se adquiere en forma de aprendizaje vicariante. La capacidad de las emociones en cierto modo de «contagiar» a los demás, es la base de la adquisición de la experiencia emocional propia.

Muchas veces la mejor ayuda que podemos recibir la tenemos en los demás y en sus experiencias, pese a que tendemos a no valorarlas. La herramienta más útil que tenemos los humanos para evitar errar en un futuro y saber elegir cada vez mejor es la experiencia, se puede adquirir por uno mismo afrontando directamente las consecuencias de nuestras decisiones -muchas veces es la única forma de aprender-, pero también observando a las personas que han pasado por las mismas circunstancias en el pasado y que saben las cosas que le han ocurrido con sus actos. Generalmente la mayoría de la gente piensa que sus casos son diferentes al resto y piensan que lo que sufren, experimentan o viven otras personas en otros momentos no nos vale para predecir "nuestro futuro". Pero ni somos tan especiales ni las situaciones particulares son tan diferentes a otras, el mismo tipo de casos con el mismo perfil de personas suele provocar el mismo tipo de resultados y conclusiones. Hay muchas vivencias susceptibles de emulación, prototipos humanos a seguir por sus cualidades y virtudes, pero esos modelos y sus observaciones únicamente tienen, en lo que se refiere a la percepción de nosotros mismos, un valor comparativo, de referencia.

El aprendizaje vicario tiene mayor probabilidad de éxito si la experiencia previa del sujeto es escasa, si el modelo resulta de interés y si tiene características similares a él, tanto de ejecución como personales. Tampoco ese modelo tiene que ser necesariamente un genio o un brillante consejero, pero es probable que tenga una gran capacidad de estudio y que haya recopilado tal cantidad de información y habilidades que su ejemplo le haga ampliar su propia perspectiva y le ahorre mucho tiempo y esfuerzo. También se podría solicitar el apoyo explícito del modelo elegido, hablar con él si es posible, y pedirle su colaboración activa, preguntarle qué obstáculos encontró y cómo los resolvió.

El aprendizaje vicariante actúa, pues, como un recurso útil en la toma de decisiones pues hacemos uso del mismo cuando tenemos que tomar rápidamente una decisión o cuando no tenemos la suficiente información o la suficiente capacidad para procesarla. El aprendizaje vicariante es particularmente importante cuando existen problemas de falta de información o incertidumbre sobre el estado actual o futuro. Cuando estamos en situaciones de falta de información, o cuando nos sentimos incapacitados para analizar la situación o la información disponible.

2 comentarios:

  1. estuve leyendo tu entrada hablas sobre las personas con estos trastornos de personalidad como yo que me diagnosticaron de personalidad esquizoide hace 6 años, y creo que no es tan bueno tenerlo, me dijeron que en parte es hereditario y ambiental y que siempre tomaré medicación, sufro bastante cuando me rechzan de los trabajos a los que postulo, soy tan tímida y ansiosa hay muchas cosas que desearía cambiar tal vez con el aprendizaje vicariante y más autoconfianza , ojalá se pueda,saludos.

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  2. Hola: leí tu comentario y me llama la atención, porque a mi hijo que tiene 20 años le diagnosticaron lo mismo,como meterme en su mundo para poder entenderlo y ayudarlo en lo que pueda.Mi correo es lylyeom@gmail.com Estoy angustiada y devastada por lo que tengo que vivir con él día a día.Por favor comunícate conmigo.Un abrazo

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